EL MOVIMIENTO DE LOS PLANETAS EN LA ANTIGÜEDAD

La palabra planeta significa vagabundo o errante y se aplicaba a los astros que modificaban sus posiciones respecto a las estrellas fijas. Todos gozaban de un movimiento diurno de este a oeste, acompañando a las estrellas mientras se desplazaban con lentitud hacía el este. Los planetas ocupan una estrecha banda de 8: de anchura a cada lado de la eclíptica llamada banda zodiacal, estando en ocasiones al norte o al sur de la eclíptica. Para los griegos y sus sucesores eran planetas el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.

El Sol y la Luna parecían moverse de una forma mas o menos regular, a lo largo del zodiaco, avanzando siempre de oeste a este, pero los cinco planetas viajaban de una forma mas irregular. Así el resto de los planetas se desplazan a lo largo del zodíaco de oeste a este, pero dicho movimiento se ve interrumpido durante breves intervalos por un movimiento retrógrado de este a oeste.

Mediante una observación cuidadosa los antiguos observaron que los periodos entre las retrogradaciones o periodo sinódico y aunque variaban eran por término medio 116 días, para Mercurio; 584 para Venus; 780 días para Marte; 399 para Júpiter y 378 para Saturno.

La retrogradación ocupa una parte mínima del movimiento del planeta que normalmente se desarrolla en sentido directo. Las duraciones de la retrogradación para los diferentes planetas son para Mercurio 23 días, Venus 42 días, Marte 73 días, Júpiter 123 días y Saturno 138 días.

Además como los planetas normalmente avanzan de oeste a este se puede averiguar mediante la observación el tiempo que tardan en dar una vuelta completa al zodiaco, ocupando por dos veces consecutivas la misma constelación.

Lo primero que sorprendió a los antiguos fue que dichos periodos diferían notablemente de unas vueltas a otras, siendo por término medio de un año para Mercurio y Venus, 687 días para Marte, 12 años para Júpiter y 29 años para Saturno.

LOS PLANETAS INFERIORES.

Mercurio y Venus, los llamados planetas inferiores nunca se alejaban demasiado del Sol.

Cuando están situados al este del Sol ambos planetas inferiores aparecen como estrellas vespertinas, surgiendo a poco de ponerse el Sol por el oeste y acompañándole casi inmediatamente en su desaparición por debajo del horizonte.

Tras alcanzar su máxima elongación oriental retrogradan hasta situarse al oeste del Sol, convirtiéndose en estrellas matutinas, apareciendo poco antes del alba y desapareciendo con los primeros rayos del Sol.

Durante muchos milenios las antiguas civilizaciones los consideraron como astros distintos según apareciesen por la mañana o por la tarde.

Los antiguos, por lo que respecta a Venus y Mercurio creían en la existencia de dos planetas distintos: Vesper, estrella de la tarde y Lucifer, estrella de la mañana, alternativamente visibles. Así Mercurio fue conocido como Set y Horus en Egipto; Buda y Rauhinella en la India; Apolo y Mercurio en Grecia; pero su identidad es conocida desde 2000 años a.C.

Mercurio, debido a su proximidad al Sol, y los cortos periodos en que es visible, es difícil de observar.

LOS PLANETAS SUPERIORES.

La elongación puede tomar cualquier valor a diferencia de lo que ocurría con los planetas inferiores. Cuando E = 0 los planetas se dicen que están en conjunción con el Sol, y no son visibles entonces. Cuando es de 180 los planetas están en oposición. Entonces, precisamente, por estar en una posición diametralmente opuesta al Sol pasan a medianoche por el meridiano del lugar. Entre una y otra configuración ocupan cualquier posición.

Los planetas sólo retrogradan en las proximidades de la oposición, presentando entonces su máximo brillo. Este incremento del brillo ha sido interpretado a partir del siglo IV a.C. como una disminución de la distancia del planeta a la Tierra. Esto es especialmente importante en el caso de Marte, pues su brillo en la oposición sólo es superado por la Luna y Venus.

Para un planeta superior los hechos aparentemente independientes siempre ocurrían a la vez, cuando el planeta estaba en oposición al Sol se encontraba lo más cerca de la Tierra, por eso estos dos hechos se expresaban con una sola acción +estar en oposición;. Parecía como si la trayectoria solar y la planetario estuviesen de alguna forma misteriosamente conectadas.

SOBRE LA COLOCACIÓN DE LOS PLANETAS.

A menudo se presentó la propia esfera estelar como límite externo del Universo, así los planetas no podían estar situados más allá de dicha esfera. La diferencia observada entre los movimientos estelares y planetarios hacía pensar que se hallaba en una región intermedia donde se hallarían sometidos a determinadas influencias inoperantes sobre la esfera estelar; esta argumentación estaba reforzada por la observación de algunos detalles topográficos en la Luna, que permitía situarla muy cerca de la Tierra. Así la localización general de los planetas estaría entre la Tierra y las estrellas fijas.

Se supuso que Júpiter y Saturno, cuyo movimiento hacia el este era especialmente lento, y por tanto parecido al de las estrellas fijas, deberían estar más cerca de éstas, mientras la Luna, que cada día gana 12: respecto al movimiento diurno de las estrellas, debería estar cerca de la Tierra.

Antes del siglo IV a.C. se procedió a ordenar los planetas según sus periodos de revolución sidérea. En orden a su proximidad a la Tierra estaban la Luna (27 días), Mercurio, Venus y el Sol (un año), Marte (687 días), Júpiter (12 años) y Saturno (29 años).

El Sol, Mercurio y Venus presentaban un problema en su ordenación y por consiguiente no pudieron ser ordenados por el criterio objetivo seguido para el resto de los planetas. De hecho en la antigüedad, hubieron numerosas controversias acerca de dicho orden. Hasta el siglo II a.C. la mayor parte de los astrónomos situaban la órbita del Sol inmediatamente después de la de la Luna, a la que seguían y en éste orden Venus, Mercurio y Marte. Sin embargo, y a partir del siglo II a.C., el orden: Luna, Mercurio, Venus, Sol y Marte fue casi unánimemente aceptado, en particular fue adoptado por Tolomeo que lo impuso a sus sucesores.

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